Once millones de españoles padecen trastornos mentales

Los jóvenes de 20 a 30 años son los más afectados por patologías como la esquizofrenia ? Una de cada cuatro personas sufre alguna dolencia psíquica

Marta Borcha

Madrid- Desesperación, infierno, pesadilla, sufrimiento e incomprensión. Estas palabras resumen la experiencia vital de las personas que padecen trastornos mentales y de los familiares que les prestan su apoyo incondicional. «Me diagnosticaron trastorno bipolar hace tres años y con la medicación he dejado de tener episodios graves. La montaña rusa sigue ahí, y de vez en cuando noto un bache en el camino, como el vaivén de un tren, pero ya no es tan empinada ni tan cuesta abajo como antes», relata Pilar, una universitaria de 25 años.
   «Es una forma de vivir muy dura que te hace sufrir alteraciones fuertes del ánimo, se pasa muy mal, nos cuesta mucho integrarnos y convivir con los demás y, sobre todo, nos quita libertad. Incluso así, debemos sacar lo bueno de cada momento para sentirnos mejor», dice.
   «Como un loco despiadado». El sufrimiento que asola a personas como Pilar influye directamente en el entorno familiar. «Mi hermano, de 35 años, tiene una esquizofrenia paranoide crónica. La primera crisis la tuvo con 14 años y coincidió con la separación de mis padres y la fuerte depresión de mi madre. Las condiciones de mi casa no eran apropiadas para atenderlo y, además, estaba muy mal visto tener un enfermo mental en casa, algo que sigue igual, pues la gente entiende que un enfermo mental es un loco despiadado», relata Javier, quien describe cómo su hermano está convencido de que existe una conspiración contra él como si fuera una película de espionaje y él fuera la víctima y las personas cercanas las malas. «Viven un infierno de inseguridad y miedo que va acompañado de visiones y voces. Ante esto se defienden encerrándose, gritando o agrediendo como lo haría cualquiera que estuviera en su lugar».
   Encarna, madre de un enfermo de esquizofrenia, alberga la esperanza de que su hijo, en lista de espera para una plaza en una casa hogar donde vivirá con atención médica, sea atendido pronto: «Estamos en la cuerda floja, no sabemos si conseguirá la plaza. Vivimos una pesadilla, es desesperante ver como tu hijo no está en sus cabales y piensas que te puede hacer daño. Hemos pedido ayuda y lo único que han hecho ha sido subirle la dosis de la medicación y devolverlo a casa, a nuestro pequeño manicomio donde todos estamos ya tocados o a punto de caer».
   Depresión. Los trastornos mentales abarcan todo tipo de patologías, tanto leves como graves, desde la depresión (primera causa de discapacidad en el mundo, de acuerdo con la OMS), hasta la esquizofrenia, pasando por el trastorno bipolar, las fobias, histerias o trastornos obsesivos. Según los datos de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la prevalencia de estas enfermedades se sitúa entre el 20 y 25 por ciento de los españoles, lo que se traduce en 11,25 millones de afectados.
   Las patologías más graves, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el trastorno obsesivo, explica Julio Vallejo, presidente de la SEP, tienen una incidencia parecida entre hombres y mujeres al 50 por ciento. Frente a éstas, las enfermedades mentales más leves son mucho más frecuentes en las mujeres. A pesar de ello, el psiquiatra deja claro que «nadie está exento» de padecer una enfermedad mental y que, aunque hay cierta predisposición en las personas con antecedentes familiares, «no se trata de una verdad absoluta».
   La juventud es el colectivo más afectado por las patologías severas: «Los trastornos graves son más frecuentes en la gente joven, aunque todavía no sabemos por qué. La esquizofrenia acontece entre los 20 y los 30 años, el trastorno obsesivo entre los 15 y los 20, el trastorno bipolar alrededor de los 25 y 30 años, y la depresión melancólica grave a partir de los 40». El doctor Vallejo desmonta la asociación entre drogas y enfermedades psiquiátricas: «No existe una relación directa entre la enfermedad mental y el consumo de drogas, lo que ocurre es que algunos enfermos mentales tienen más predisposición a la ingesta de drogas, como por ejemplo los pacientes con trastornos bipolares. Es lo que se conoce como patología dual, que crece en importancia, y que acontece en los enfermos que tienen dos tipos de trastorno, un problema psiquiátrico y la ingesta de tóxicos».
   Alteraciones familiares. «Estas enfermedades provocan una gran alteración familiar, social y laboral, por eso son esenciales los tratamientos psicopedagógicos que enseñan a las familias a identificar los síntomas y la importancia del tratamiento continuado», señala Vallejo. El experto afirma que la sanidad pública ha mejorado en los últimos 30 años, lo que no significa que esté totalmente cubierta. «Si un paciente tiene problemas agudos, con seguridad ingresará en 24 horas, otra cosa es el tratamiento de los enfermos crónicos, para quienes sí es posible que falten dispositivos». Las palabras del doctor Vallejo las llevan repitiendo hasta la saciedad las distintas asociaciones de familiares y enfermos mentales. «Siguen faltando recursos, no se les dan el tratamiento adecuado. A los enfermos mentales se les discrimina y se les dice que la rehabilitación es social, cuando debería ser también sanitaria», lamenta Pedro Martínez, vicepresidente de la Federación madrileña de asociaciones por Salud Mental.
   El caso de la médico Noelia de Mingo, que mató a tres personas y que actualmente está siendo juzgada, ha vuelto a encender la alarma social. «La sociedad confunde psicópatas con psicóticos, tiene pánico de estos enfermos. Hay casos llamativos, pero no son representativos, son accidentes. Cuando salta una noticia de éstas, el imaginario colectivo se dispara y hace muchísimo daño a los enfermos», lamenta Martínez.
   El binomio violencia y trastornos mentales es uno de los más extendidos, una asociación que desmiente la Sociedad Española de Psiquiatría: «La peligrosidad y agresividad de los enfermos mentales no es superior a la de otras personas, lo que sucede es que es una agresividad más incontrolable y menos predecible, pero el enfermo mental no tiene más frecuencia de alteraciones de agresividad que otras personas, lo que pasa es que hay un mayor grado de incertidumbre respecto a lo que va a hacer».
   «La enfermedad es mi familia». Francisco Morata, presidente de la Confederación Española de Agrupaciones de Familias y Enfermos Mentales conoce en primera persona esta situación: «La enfermedad mental es mi familia. Soy viudo de una persona con enfermedad mental que se suicidó y tengo dos hijos con trastornos mentales, uno internado con esquizofrenia y el otro en casa con paranoia». Morata, que representa a las más de 3.500 familias, denuncia que «la enfermedad mental es la gran olvidada» y que aún existen muchas personas sin diagnosticar porque se sigue viendo como la enfermedad de la vergüenza». La pregunta sin respuesta que más les inquieta es: «¿Qué pasará con nuestros hijos cuando nosotros ya no estemos?».